EDITORIAL - En este número: Músicos de la B


El artista callejero es aquel que, circulando por los recovecos de la ciudad, se apropia de los lugares y los hace parte de sí. Existen muchos tipos; los músicos, bailarines, artesanos, grafitteros, pero cada uno de ellos modifica el escenario en donde despliega su producción cultural. Pero el arte callejero no se trata solamente de un modo diferente de relacionarse con los espacios públicos, sino también, de tender lazos de distintas maneras con los transeúntes quienes pueden agradecer con una moneda o permanecer indiferentes ante tamaña demostración de talento (o falta de él).

En este suplemento ahondamos en el significado que aportan estas intervenciones en la urbanidad, su relación con los pasajeros y peatones, y damos difusión a los artistas que se mueven por fuera de los espacios predeterminados e institucionalizados de la promoción cultural.

El arte está poblado de interrogantes y esas mismas preguntas vienen una y otra vez a plantearnos el por qué de las creaciones. Hay rebeldía, impacto, fugacidad. Todo eso sucede en un simple vagón de tren o subte o arte espontáneo en medio de la calle. Nosotros no nos quedamos con el por qué, sino que indagamos en el dónde, el cómo y el para qué.

Este número estará dedicado a aquellos músicos que circulan entre las estaciones y vagones de la línea B de subtes de Buenos Aires. Esta línea une el centro con el oeste de la ciudad. Allí convergen numerosos cantantes, guitarristas, pianistas quienes despliegan su talento ante los miles de pasajeros que día tras día utilizan este servicio público de transporte en la ciudad, quienes se transforman en el público de distintas expresiones culturales. Nos preguntamos por las causas que originan la elección de este lugar. Desde la distribución de los vagones, a la cantidad de circulación de gente en las horas que no son pico, hasta la profundidad de esta línea en la tierra. Los músicos se apropian de esos espacios, debido a la falta de políticas institucionales que los contengan y legitiman su presencia por la aceptación de los pasajeros, que aplauden y frecuentemente dejan una moneda en el estuche del músico.

El Gobierno de la Ciudad, a través de la empresa Metrovías, a cargo del servicio, otorga permisos a los músicos. Pero nos preguntamos si esto es suficiente como Estado a la hora de promover el trabajo de los artistas.

Charlar con los “Músicos de la B” implica abrir las puertas en las historias de vida de distintas personas que comparten un espacio común al momento de expresar su arte. Intentaremos desentrañar algunas cuestiones a tener en cuenta a la hora de hacer música en las profundidades de la tierra...

Agustina Abeal, Adriàn Arraigada, Noelia Culshaw, Julia Vitali