OASIS EN EL SUBTE


Por Noelia Culshaw

El subte de la línea B trabaja desde las 5 de la mañana hasta las 23 horas. A veces cuenta con “horarios pico” donde se llena de pasajeros, pero ya casi no existen momentos de menor movimiento. La Ciudad de Buenos Aires está superpoblada, y el subte resulta práctico hasta para quiénes viven en la Provincia y trabajan en Capital.

El trayecto, si bien es rápido, es agobiante. Los usuarios pelean por entrar y no quedarse afuera, otros pelean por salir y no pasarse de su parada. Algunos discuten por un asiento y el calor comienza a ser insoportable. Las caras largas y el mal humor son moneda corriente. En esa misma cotideanidad, entran en escena los músicos. Solistas o en grupo, a capella o con sus instrumentos.

Pero, ¿cuál es el rol del músico callejero en esta sociedad? El músico no pasa desapercibido.

El diario La Nación realizó un ensayo e invitó al primer violín del Teatro Colón y de la Filarmónica de Buenos Aires, Pablo Saraví, a ofrecer un concierto en el subte. El músico tocó durante media hora de incógnito, y en horario pico, obras de Bach, Mozart, Vivaldi, Telemann, y Kreisler. “Sin aplausos, sin gala y con poca atención”, reclama la nota. El trabajo intentaba analizar la percepción, el gusto y las prioridades en los argentinos.

Sin embargo, los resultados fueron positivos, a pesar de esa aparente “poca atención”. El violinista recaudó en media hora una suma doble a la que ganaría un músico profesional de su categoría. Con lo cual, a pesar de correr para llegar a horario, el usuario advierte la presencia de la música.

El 3 de Agosto de 2011 falleció Julián. Él tocaba el violín en el subte de la línea B hacía diez años. “Mi repertorio es variado y cambia según el ánimo de la gente que me escucha en cada vagón. Soy inventor de un nuevo estilo de música, una fusión entre los ruidos del subte y las melodías que salen del violín” dijo en una entrevista con Anabela Ascar. El músico era conocido como “el violinista de rulitos” y cuando fue arrollado por una formación mientras intentaba cruzar las vías en la estación Malabia, las redes sociales se inundaron de palabras de dolor. La noticia corrió rápidamente de boca en boca y todos sabían claramente quién era “el violinista de rulitos” que había fallecido.

La música aporta a este viaje diario una compañía. Un respiro al rutinario ajetreo del subterráneo. El músico elige éste espacio público para mostrar su arte por más de un motivo. Sebastián, guitarrista y cantante de folklore en la línea B del subte, explica que la ley de la música aprobada recientemente en el Congreso, no es nada clara y genera “diferencias y clacismo”. En el subte, cualquier estilo de música es bienvenido. No importa quién es el músico y cuán bueno es. No tiene costo monetario y sí, ganancia. Si bien la gente no viaja para verlos, los disfruta, a veces hasta aplauden. Joaquín apoya su piano en el suelo del subte, y ahí mismo se sienta. Toca clásicos. “Elijo las canciones que aunque sea música clásica, y la gente no sepa el nombre, es popular en todo el mundo, y la escucharon más de una vez seguro”, dice.

Termina su pieza y comienzan los aplausos, la gente se le acerca, le dice “seguí así, tocás bárbaro”, “gracias, estuvo buenísimo”; y Joaquín no sólo se lleva su ganancia monetaria si no, la “buena onda” recibida. “Con la gente tenés de todo, tenés gente copada, tenés gente que se calienta porque estás tocando. En horario pico vamos en contra de la mayor cantidad de gente, porque obviamente el espacio no da. Nos va bien con la recaudación” dice Juan. Él conforma el “BON APPÉTIT DUO (SAXO Y GUITARRA ELÉCTRICA) junto con Marco, son estudiantes en el Conservatorio de Música “Gilardo Gilardi”. Explican que es difícil conseguir lugares en donde tocar por que en general se les cobra a los músicos para hacerlo. El modo más sencillo para ellos de ganar dinero tocando música es convirtiéndose en músicos callejeros.

La ganancia no es sólo para los músicos, los usuarios disfrutan de su presencia. Hacen al viaje agobiante, más placentero. Forman parte de la rutina y resultan indispensables para embellecer el día a día.